Querido Luigi Lanuza
Tuve el privilegio de asistir a la presentación de tu más reciente producción. Como siempre, fue evidente el cariño, la meticulosidad y la pasión que imprimes en cada cuadro y en cada diálogo. Conozco de cerca el sacrificio que implica hacer cine en nuestro país y la entrega absoluta que dedicas a tus proyectos.
Sin embargo, tengo un sentimiento agridulce que no tiene nada que ver con tu talento, sino con la respuesta del entorno.
Quiero aprovechar estas líneas para decirte: Felicidades. Tu trabajo es valioso, es necesario y es un testimonio de resiliencia. Cada película que terminas es una batalla ganada a la indiferencia y un aporte invaluable al patrimonio cultural de Guatemala.
Al mismo tiempo, siento la necesidad de pedirte una disculpa. Me disculpo contigo, con tu equipo y con todos los creadores, productores y artistas de eventos que, al igual que tú, ponen el alma en lo que hacen. Perdón por nuestra apatía como público.
A veces, como sociedad, somos rápidos para consumir lo que viene de fuera, pero lentos para abrazar lo que nace en nuestra propia tierra. Nos cuesta llenar las salas, comprar el boleto o simplemente dedicar un momento para apreciar el esfuerzo de quienes intentan contar nuestras propias historias. Esa indiferencia es un muro que los artistas no deberían tener que escalar solos.
Luigi, por favor, no permitas que las butacas vacías silencien tu voz. Tu cine es un espejo y, aunque a veces el público tarde en querer verse en él, la obra permanece.
Aprovecho para felicitarte por los premios obtenidos por tu reciente trabajo “El tesoro del fantasma”
Gracias por no rendirte. Gracias por seguir creando.


